¿Cómo se desarrolla un proyecto de arquitectura en Andorra?
Construir un chalet, transformar una casa o reformar un apartamento no empieza con la obra.
Antes hay que comprender el lugar, estudiar la viabilidad urbanística y definir las necesidades del proyecto. También conviene integrar desde el inicio el presupuesto, los aspectos técnicos y los trámites administrativos.
En Andorra, esta preparación es especialmente importante. La pendiente, los accesos, el clima y las condiciones urbanísticas pueden influir profundamente en el proyecto.
Por eso, un proceso bien estructurado permite tomar las decisiones importantes en el momento adecuado. Además, reduce las cuestiones que habrá que resolver con urgencia durante la obra.
1. Comprender el terreno o el edificio existente
Todo proyecto parte de una situación concreta.
En una construcción nueva analizamos la topografía, la orientación, el soleamiento, las vistas y los accesos. También estudiamos la relación con las parcelas y construcciones vecinas.
En montaña, unos pocos metros de desnivel pueden modificar considerablemente un proyecto. La pendiente condiciona los niveles, los movimientos de tierra, los muros de contención y el acceso de los vehículos.
En una reforma, el análisis es diferente. Primero hay que comprender la estructura, las circulaciones, las instalaciones y el estado general del edificio.
Además, conviene identificar los elementos que merece la pena conservar. Una estructura existente, una orientación favorable o una determinada relación con el paisaje pueden convertirse en puntos de partida del nuevo proyecto.
Por tanto, esta primera fase no consiste todavía en diseñar una solución. Su objetivo es entender con qué estamos trabajando.
2. Comprobar la viabilidad urbanística

Antes de desarrollar el diseño, hay que determinar qué permite realmente la parcela o el edificio.
El sistema urbanístico andorrano combina la legislación nacional con los planes de ordenación de cada parroquia. El portal oficial de Ordenament Territorial i Urbanisme del Govern d’Andorra permite consultar el marco general y la normativa de construcción.
Después, cada parcela debe analizarse según el POUP correspondiente y sus condiciones particulares.
Esta comprobación puede afectar a la edificabilidad, la ocupación, las alturas, las distancias a los límites, los usos permitidos o determinadas condiciones específicas del terreno.
Asimismo, algunos emplazamientos necesitan estudios complementarios. El Govern dispone de una regulación específica sobre actuaciones que modifican el terreno y sobre estudios geológicos y geotécnicos.
Realizar estas comprobaciones al principio evita desarrollar durante semanas una solución que posteriormente tenga que modificarse.
3. Definir el programa y el presupuesto
Una vez entendido el potencial del lugar, hay que definir qué se quiere construir.
El programa transforma las necesidades del cliente en espacios y relaciones concretas.
¿Cuántas habitaciones son necesarias? ¿Cómo debe relacionarse la cocina con el salón? ¿Hace falta un despacho? ¿Se quiere incorporar una zona de bienestar? ¿Qué importancia tendrán las terrazas, el almacenamiento o el mobiliario a medida?
Sin embargo, el programa no puede desarrollarse de forma independiente del presupuesto.
El presupuesto no debería aparecer únicamente al final del diseño. Por el contrario, debe formar parte del proceso de proyecto desde las primeras decisiones.
Así, superficie, arquitectura, materiales, soluciones técnicas y nivel de acabado pueden evolucionar de manera coherente con los recursos disponibles.
4. El anteproyecto: explorar antes de decidir

Las primeras fases de diseño sirven para explorar posibilidades.
Por eso, no buscamos inmediatamente una imagen definitiva. Primero estudiamos diferentes maneras de organizar el proyecto.
Analizamos los espacios, los volúmenes, las circulaciones, la luz y la relación con el paisaje. Asimismo, podemos comparar distintas implantaciones o distribuciones.
Los planos y las secciones permiten comprobar las dimensiones. Los croquis y las referencias ayudan a definir una atmósfera. Por su parte, las maquetas y visualizaciones permiten comprender mejor los volúmenes.
En Studio Tamy reunimos esta investigación en nuestro Quadern d’esbós. Este cuaderno recoge el proceso que conduce progresivamente hacia una solución arquitectónica.
Por tanto, el objetivo de esta fase no es producir rápidamente una imagen atractiva. Se trata de tomar las principales decisiones arquitectónicas antes de avanzar hacia etapas más técnicas.
5. Desarrollar el proyecto con precisión

Cuando la dirección general está clara, comienza un trabajo mucho más detallado.
Se precisan las dimensiones. Además, se definen los materiales, las carpinterías, la iluminación, los revestimientos y las soluciones constructivas.
Al mismo tiempo, hay que coordinar los diferentes aspectos técnicos.
Estructura, calefacción, ventilación, electricidad, fontanería o domótica no deberían añadirse al proyecto al final. Deben integrarse en la arquitectura.
Esta coordinación adquiere todavía más importancia cuando se busca un nivel de acabado preciso.
Una salida de ventilación mal situada puede interferir con una carpintería. Del mismo modo, una instalación eléctrica definida demasiado tarde puede afectar al mobiliario o a la iluminación.
Por eso, intentamos resolver estas interfaces antes de la obra.
El desarrollo puede llegar hasta los detalles de carpintería, el mobiliario integrado, las juntas entre materiales o determinados elementos de iluminación.
Aunque parezcan decisiones pequeñas, suelen influir directamente en la calidad del espacio construido.
6. Preparar las autorizaciones administrativas
El procedimiento administrativo depende del tipo de intervención.
En Andorra, los Comuns tramitan las autorizaciones urbanísticas correspondientes. Cada parroquia dispone de sus propios servicios y procedimientos. Por ejemplo, el servicio de Propietat i Urbanisme del Comú d’Andorra la Vella distingue trámites para obra nueva, reforma, ampliación, movimientos de tierra o primera ocupación.
El marco administrativo también diferencia entre obres majors y obres menors. Las intervenciones de mayor entidad requieren la participación de los profesionales habilitados y la documentación técnica correspondiente.
Por tanto, una reforma interior limitada y la construcción de un chalet no siguen necesariamente el mismo procedimiento.
Además, los requisitos pueden variar según la naturaleza exacta del proyecto, la parcela y la parroquia. Conviene confirmarlos antes de preparar el expediente definitivo.
7. Consultar a las empresas y precisar el coste
Antes de iniciar la obra, hay que transformar el proyecto en documentación suficientemente precisa para que las empresas puedan valorarlo.
Los planos generales no siempre son suficientes.
Por eso, cuando el proyecto lo requiere, incorporamos detalles constructivos, definiciones de materiales y especificaciones.
Esta precisión cumple dos funciones. En primer lugar, permite a las empresas comprender mejor qué deben ejecutar. En segundo lugar, facilita la comparación entre las diferentes ofertas.
De esta manera, se reducen las zonas de interpretación.
Además, la consulta permite confrontar el proyecto con los precios propuestos por las empresas. Si aparecen desviaciones importantes, todavía estamos a tiempo de estudiar alternativas.
Modificar una solución sobre un plano suele ser mucho más sencillo que hacerlo cuando el material ya está pedido o los trabajos han comenzado.
8. Preparar la obra antes de empezar
Una obra bien organizada empieza antes del primer día de trabajos.
Hay que establecer una secuencia de ejecución, coordinar a las empresas e identificar las decisiones pendientes.
Además, algunos elementos tienen plazos largos de fabricación o suministro.
Esto puede ocurrir con carpinterías, piedra, determinados equipos, cocinas o mobiliario fabricado a medida.
Por tanto, la planificación debe relacionar las decisiones de proyecto, los pedidos y la ejecución.
Esta preparación no elimina todos los imprevistos. Sin embargo, evita que decisiones previsibles bloqueen innecesariamente el avance de la obra.
9. Seguir la ejecución

Incluso un proyecto muy desarrollado necesita seguimiento durante la obra.
Aparecen nuevas preguntas. Asimismo, las empresas deben coordinar sus intervenciones.
En una reforma, la incertidumbre puede ser mayor. Algunas condiciones del edificio solo se descubren después de una demolición o de abrir determinados elementos existentes.
Por eso, durante la ejecución hay que comprobar los trabajos y resolver las interfaces entre los distintos oficios.
También puede ser necesario validar muestras, materiales o detalles antes de su instalación definitiva.
El objetivo no consiste únicamente en comprobar que la obra avanza.
Se trata de conservar la coherencia arquitectónica del proyecto mientras se responde a las condiciones reales de la construcción.
10. Recepción y finalización
Cuando terminan los trabajos comienza una última fase de control.
La recepción permite identificar las posibles reservas y comprobar posteriormente que se han corregido.
Además, determinadas operaciones requieren trámites administrativos relacionados con la finalización y la habitabilidad.
El Govern establece procedimientos específicos para la cèdula d’habitabilitat y otros documentos de habitabilidad. La información puede consultarse directamente en la documentación oficial del Govern d’Andorra.
Por tanto, la finalización material de la obra no siempre coincide exactamente con el cierre administrativo del proyecto.
Diseñar mejor para construir mejor
Muchos problemas que aparecen durante una obra proceden, en realidad, de decisiones tomadas demasiado tarde.
Un material todavía sin definir, una instalación mal coordinada o un detalle sin estudiar pueden provocar modificaciones, retrasos o costes adicionales.
Por el contrario, desarrollar suficientemente el proyecto permite trasladar muchas de estas decisiones a la fase de diseño.
Siempre existirán imprevistos. En rehabilitación, además, forman parte de la propia naturaleza del trabajo sobre un edificio existente.
Por eso, el objetivo no es prometer que todo puede anticiparse.
El objetivo es reducir las incertidumbres evitables para gestionar mejor aquellas que no pueden preverse.
Esta continuidad entre análisis, arquitectura, técnica, presupuesto y obra permite transformar progresivamente una intención en un proyecto construido coherente.

